El cabello como reflejo de nuestra historia

El cabello como reflejo de nuestra historia

A veces las actividades que son parte de nuestra rutina, parecen invisibles. Se vuelven tan mecánicas que dejas de notar cuánto hablan de lo que creemos de nosotros mismos, de nuestra historia, de la misma cultura heredada que reproducimos muchas veces con los ojos cerrados, sin entender que los simbolismos eran más grandes que el sentido que hoy les damos. 

Tengo presente el cabello de mi madre, largo, negro y fuerte como ella. Es una mujer de pequeña estatura pero grande de espíritu, con un cabello abundante, como todas las mujeres en mi familia. Recuerdo verla trenzar o recoger cada día su cabello para irse a trabajar. Un día simplemente lo cortó. Ya no era prioridad lucir la belleza de ese cabello joven, lleno de vida y arreglado, con el que sale en todas esas fotos que están enmarcadas en su casa o en los álbumes fotográficos. Esos tiempos habían pasado. La prioridad era atender las necesidades de sus hijos y una madre enferma. Ella necesitó desconectarse de su alma, de su espíritu y sus necesidades, para poder atender a los otros.

Tuvieron que pasar muchos años para un día verme como mi madre, trenzando mi cabello frente al espejo, sin hijos, pero con la vida rebasándome. Sólo una coleta o un chongo sin sentido, me eran funcionales para hacer mis actividades y no me exigían mucho. Ademas me permitía de vez en cuando, sorprender con ese estilizado impecable que me dejaba ser yo, una mujer que disfruta lucir el cabello en su máxima expresión. 

Ese era el círculo vicioso diario, reproducido en todos los aspectos de mi vida, pero reflejado claramente en el cabello. Saber todo lo que puedes lograr pero tenerlo contenido, mermado, viviendo en la comodidad, por miedo a ser, por no entender lo que realmente eres, quieres y necesitas. Si no tienes claro eso, ¿cómo te presentas ante el mundo?

Fue un gran proceso unir todas mis partes. Ojalá pudiera decir que lo logré sólo repitiendo «gracias, gracias, gracias», evadiéndome en mil decretos o que el universo se hizo cargo de mi. La realidad es que me costó mirar todo lo que soy y eso sólo lo conseguí con terapia. Constelar me permitió hurgar en todos los rincones que dolían pero que me habían hecho fuerte y me han dejado enfrentar la vida. 

Por fin todo tuvo un lugar. Durante ese proceso logré mirarme con mis propios ojos, mi cabello fue el reflejo de mi fuerza interior. El tocar mi cabello me permitió reconocerme en él y en mi historia. La misma genética estaba ahí, mi madre estaba conmigo, incluso cuando tiene oportunidad, me acaricia el cabello y veo dibujarse una sonrisa en su cara y de mi, sólo surge la frase: «gracias por heredarme mi mejor accesorio, tu cabello».

El cabello habla mucho de nosotros. De la conexión que tenemos con lo que realmente somos y cómo nos asumimos ante la vida. En qué momento nos desconectamos de nosotros, reflejando en el cabello la invisibilidad en la que se vive día a día, atándolo o trenzandolo. El hartazgo con nosotros mismos, buscando cambiarlo ansiosamente siguiendo todas las tendencias para jamás vernos iguales, es mejor vivir el personaje y jamás dejar ver lo que realmente somos a pesar de que tu cabello te pide descanso con gritos de sequedad y debilidad. 

Ponernos colores fuera de lo común, que griten la necesidad de ser vistos como lo hacen los adolescentes y obtener el valor de la diferencia. Esos cabellos siempre duros, controlados bajo capas de mil productos en gran parte muestran la forma de vivir. Nada puede salirse de tu control. 

¿En qué momento distorsionamos el sentido real de cortar el cabello ante un duelo?. Hoy los duelos no trascendidos se reflejan mutilando el cabello, rompiendo cualquier conexión con la emoción. Mientras más corto lo dejes, más nos vamos a la cabeza, a evadirnos en lo mental, lo teórico, no a esa parte que nos permite sentir. 

En los pueblos originarios de Occidente, un cabello largo, abundante y sano; tanto en hombres como mujeres, habla de igualdad entre ellos, del equilibrio que siempre se tiene con el entorno y de una profunda conexión y entendimiento de la Madre Tierra. 

Quién no tiene en mente esas fotografías en blanco y negro o color sepia de los nativos americanos, los de Estados Unidos, donde las mujeres están peinadas con una muy marcada raya en medio representando el equilibrio e igualdad, con su cabello ya sea suelto o en dos trenzas gruesas que hablan de la fortaleza de su linaje, cada trenza o trozo de cabello, está sobre cada uno de sus senos haciendo alusión al orgullo que representa haber amamantado a sus hijos, a su pueblo, a su historia. Por eso mutilarles el cabello cuando buscaban despojarlos de sus tierras, fue mutilarles su historia, sus raíces, la identidad como pueblo. Ya todos eran iguales, ya nadie pertenecía a nada. 

El cortar el cabello es símbolo de luto desde hace mucho tiempo. Actualmente los Inkas Chukiwanka tienen cuatro etapas importantes donde merece ser cortado el pelo. La cuarta es la más dolorosa, hace referencia a la muerte del padre o la madre, incluso alguien irremplazable como un gran amigo. El dar paso a vivir esa pérdida, despidiéndose de esa etapa lo hacen cortando y enterrando su cabello en un espacio que para él sea sagrado y cuando muera, según su cosmovisión de la muerte, ese cabello le ayudará a formar un puente que deberá cruzar para llegar al plano donde habitan los muertos. 

La historia personal se va con el cabello que cortas. Rompes un ciclo para iniciar otro. Pero hoy en día no está presente la sabiduría ancestral de saber concluir un ciclo para darle paso a otro y con él, poder realmente crecer. En la actualidad se corta porque como algún día me dijo Blanca Velasco – la mejor estilista que conozco–: «hay quienes depositan sus problemas en el cabello».  Es verdad, por eso el cortarlo, representa para la mayoría, la creencia de que desaparecerán las penas, los problemas y hasta la tristeza. 

Se nos olvida que el cabello manda un mensaje de nuestra personalidad, de lo que es importante para nosotros, a través de cómo lo cortas, cómo lo peinas y del estilo que le imprimes. Cuando te conectas contigo, con tus emociones y descubres realmente quién eres, sabes que no cualquiera te puede tocar el cabello, tiene que ser alguien que entienda tu personalidad y sólo te ayude a reflejar con un buen corte toda tu plenitud y satisfacción con la vida. 

Las mujeres latinas somos afortunadas. Conocidas en el mundo por tener buenas cabelleras, normalmente largas, imponentes y versátiles.  Sólo falta en la mayoría de los casos reconciliarnos con ellas, vernos a través de ellas, porque si no te reconoces en tu cabello, ¿cómo te muestras ante el mundo?

¿Qué habla tu cabello sobre ti?

Olga Martínez

Socióloga con una fascinación por comprender la vida desde la cosmovisión de las culturas. Confieso tener un gusto muy particular por la astrología

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Comentarios (3)

  • Ric

    Me gustó mucho. “Evadiéndome en mil decretos“, o trenzando o trozando la vida entre decretos, diría yo. Es importante dejar que fluya nuestra fuerza interior. Te felicito por escribir amiga. Espero leerte más a menudo. Un fuerte abrazo!!

  • Karla

    Que manera tan hermosa de reflejar lo que para muchos es tan X, al leerlo me fui imaginando tantas historias de vida, Olga deseo sea el primero de muchos artículos y con gusto lo compartiré. Tu cabellera espectacular dice tanto‼️

  • Eduardo

    Te habías tardado en escribir de esas historias que siempre que te veo, me gusta me cuentes. No pares de escribir Olga.

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