La dependencia comienza en la familia

La dependencia empieza en la familia. Ahí se gesta. Ahí se enseña. Ahí se complementa. A veces a través de las dinámicas de otros, a veces porque se viven en carne propia. La RAE define la dependencia como: “Subordinación a un poder. Situación de una persona que no puede valerse por sí misma. Necesidad compulsiva de alguna sustancia” y yo agregaría, persona.

Es por eso que en la dependencia, siempre hay alguien que domina y busca controlar y otro que cede, aguanta y calla. Normalmente creemos que el control va de la mano de un golpe o un grito, pero en realidad, esto no siempre es así, también se controla con silencios, lagrimas, soledad, chantajes y manipulación, dinámicas tan sutiles que ni siquiera se reconocen o se miran como tal.

Una dinámica complementaria, es aquella donde cada parte crea un polo opuesto que en conjunto, hacen un equilibrio que sostiene el problema. La dependencia es complementaria, porque ambos dependen, uno a través de reafirmar su poder y el otro cediéndolo. Es por ello que se vuelve tan complejo salir de ellas, porque hay un “estar en manos del otro”, y se vuelve una forma de ver e interpretar la realidad, viviéndose como única opción y repitiéndose en cualquier ámbito fuera de la familia.

El inicio de la dependencia está ligado a círculos muy cercanos para poder permitirse, normalizarse, heredarse o repetirse. No se gestan afuera, comienza en la familia de origen, de manera muy velada o incluso, en ocasiones, a todas luces, pero aún así difíciles de detectar a simple vista.

La dependencia se da en nombre del “amor”, el sacrificio o el bienestar de otros. Se va generando una necesidad de cuidar, agradar o querer cambiar a la persona de la que se depende, lo cual ata profundamente, en un exceso de bondad que crea un efecto paradójico, que no ayuda y por el contrario, detiene a ambos. Se puede vivir siendo dependiente por años, por la vida entera.

Ejemplos sobran. Hay hijos que se viven como padres o parejas de sus propios padres, por eso no hay cabida para los sueños, para el futuro. Hay lealtades letales, que atrofian el camino de la vida. Padres que se recargan en los hijos. Hijos que no se van por cuidar de sus padres aunque no los necesiten. Miedo a realizarse por temor a lastimar a otros. Personas que usan la enfermedad como chantaje y control. Los hijos que toman el lugar de padres con los hermanos. Hijos que someten a los padres y se convierten en pequeños tiranos, entre muchos otros.

Al ser dinámicas tan complejas y muchas veces tan ocultas y enredadas, es difícil poder descubrirlas solos, y aún más saberlas manejar para llegar a la solución con la distancia correcta y necesaria. Recordemos que la mejor arma de la dependencia, es la manipulación a través de la culpa, el miedo o el dolor. Justo las emociones que más trabajo cuesta manejar y hacer frente, de las que muchas veces se termina por huir.

Por ello es tan importante realizar un trabajo terapéutico, que más que teorizar, permita esclarecer la dinámica, para dotar de herramientas claras que puedan ser aplicadas y acompañar a crear una independencia, lo cual implica todo un camino de descubrimiento en el que hay que ir paso a paso.

La dependencia corta la libertad, porque es poner al otro –padres, hermanos, pareja, trabajo— como eje de vida y hace que las expectativas, dudas, sueños, pasen por los ojos y aprobación de la persona a quien se coloca al centro, terminando por ser abusivas, lacerantes, desvirtuando la autopercepción de las personas, distorsionando la realidad. Recordemos que la realidad es una construcción personal y esta puede ser transformada ya que existen tantas realidades como ideas se puedan tener.

A veces dentro de las familias se tejen las dinámicas más hirientes e inimaginables. Y muchas veces no se sabe establecer la distancia correcta para preservarse y transformar la forma de reaccionar y enfrentarse ante la situación. Cerrar los ojos ante ella hace que nunca se resuelva el conflicto. Por eso es tan importante trabajar la independencia y la libertad, porque son una conquista.

 

Autor: Luis Miguel Tapia Bernal

Terapeuta en Constelaciones Familiares. Máster en Terapia Breve Estratégica. Autor de "Las intermitencias del amor"

 
  • junio 18, 2018
  • blog

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