La homofobia dentro de mí

Este no soy yo, soy mi amigo: No me siento culpable por las bromas que le hago, si acaso hay una culpa, es de él. Yo tengo muchos años de conocerlo y nunca nos dijo la verdad respecto a sus preferencias. Siempre creímos que le gustaban las mujeres. Tuvo novia durante varios años y cuando terminó con ella siempre se las ingenió para invitar a muchachas lindas a los eventos especiales. Le echábamos carrilla preguntándole por el lugar donde las alquilaba. Ya teníamos más de treinta años cuando finalmente nos confesó que es joto. El George ya se las olía y no le creímos puesto que nuestro amigo siempre había parecido normal. No me considero homofóbico ya que le hago las mismas bromas de siempre. Le digo puto porque es una palabra que denota cobardía, no es por burlarme de que le revuelvan los frijoles, además, siempre se lo digo con cariño. Lo estimo mucho. Sí, a veces me apena un poco, últimamente se viste muy estrafalario, todo entallado. Luego da sus gritos raritos y la gente voltea a vernos, pero ¿qué se le va a hacer? Si esas ropitas y esas mañas lo hacen feliz, que le dé vuelo a la hilacha. A final de cuentas, en esta vida cada uno hace lo que se le da la gana. Ya antes me ha preguntado si iría a su boda en caso de que quiera casarse. Yo le digo que sí, pero, ni modo de llevar a mis hijas. Iría yo sólo, a lo mucho llevaré a mi esposa, pero mis niñas no. Después de todo, no es como si se tratara de una boda de verdad.

Este no soy yo, soy mi tío: Le tengo envidia a mi hermana, aunque nunca se lo he confesado. Ni siquiera yo he asimilado ese sentimiento. Me da envidia porque mis hijos siempre han tenido las mejores escuelas, los mejores autos, la mejor ropa y los mejores juguetes. Ingresé al Club Rotario para que se codearan con gente de nuestra clase y, pese a todo ello, no han hecho nada relevante con sus vidas. Mi hermana, por su parte, sufrió mucho para sacar adelante a sus hijos y veo que son hombres de bien. En el fondo, me gustaría que mis hijos fueran como ellos, mas no puedo aceptar ese sentimiento ni en mis pesadillas. Eso implicaría aceptar que mi hermana es mejor que yo. Todo regresó a la normalidad cuando ella nos contó que su hijo menor es mariquita. Volví a ser el auténtico y único triunfador de la familia. No importan sus estudios ni lo que ha logrado, quien sabe qué ‘favores’ ha tenido que hacer para conseguirlo. No importa que mis hijos tengan treinta y tantos años y sigan dependiendo económicamente de mí. Mi sobrino siempre será inferior que ellos por el simple hecho de ser mariposón. Es mi ahijado y lo quiero. Si desea venir con mi hermana a visitarnos, no le cerraré la puerta de mi casa. Eso sí, que no se le ocurra llegar un día con algún noviecito, no soportaría verlos besándose en mi casa, que asco.

Este no soy yo, soy mi hermano: Es mi hermano menor y siempre me he sentido como su protector. A menudo confundo el nombre de mis hijos con el nombre de él. Él fue como mi primer hijo cuando yo apenas tenía tres años. Lo acepto y lo trato bien, simplemente procuro que no se hable de sus porquerías en mi casa, ahí están mis hijos y ellos no pueden saber de esas cosas. No los vaya a contagiar. Antes tenía más control sobre ellos, pero todo se ha vuelto más difícil. Con esas payasadas de la ideología de género ahora es más difícil controlar lo que ven mis niños. Mi esposa ha buscado averiguar más acerca del Bus de la Libertad. Queremos unirnos a ese frente. Cada vez es más complicado explicarles a los niños algo respecto a las parejas homoparentales que aparecen en las caricaturas. Maldita ideología de género. Qué hagan lo que quieran, pero que no se metan con nuestros hijos. No podemos permitir que mis niños terminen igual que la loquita de mi hermano.

Este no soy yo, soy mi madre: Desde que me enteré hace quince años he rezado diariamente rosarios y novenas, pido con gran devoción para que él regrese al camino del Señor. Encontré una foto de cuando él estudiaba, ahí aparece abrazando a la que fue su novia. Le puse un marco y la tengo en mi recámara. En esa foto él se veía tan formal, tan varonil, todo un señorón. Parecía Alejandro Fernández. Ojalá se hubiera casado con ella, ya tendría yo por lo menos tres nietecitos suyos. Continuaré rezando, yo sé que mi papá Dios me hará el milagro y podré conocer a mis nietos antes de morirme. 

Este no soy yo, soy mi padre: No puede hablar bien o mal de mí porque no me conoce. Jamás me he abierto con él. No sabe lo que siento, lo que pienso, lo poco o lo mucho que lo quiero. Les di estudios, ropa, techo, alimento y jamás los golpeé. Eso es mucho más de lo que yo recibí. Si él no sabe agradecer todo lo que le di no es mi culpa. Jamás le he hecho saber lo que realmente sentí cuando me enteré de que es mayate. Jamás he tocado ese tema con él. Ni ese ni otros. Jamás le hablé de sexualidad, drogadicción, educación, profesiones, futuro, familia o religión. Esas cosas le tocaban a su madre. ¿Yo qué? Yo entregué mi sueldo durante más de veinte años para que tuvieran qué tragar. Son mucho más afortunados de lo que yo fui. Que no me pidan más. Jamás lo buscaré para explicarle lo que realmente pienso acerca de su orientación sexual. Si él vuelve a buscarme, si vuelve a invitarme para que conozca a su novio o pareja o lo que sea, no sabe lo que le responderé. Pero… ¿acaso a mí me corresponde acercarme a él?, yo ya di lo que tenía que dar. Le di la vida, ¿qué más quiere?

Este no soy yo, soy otros varios conocidos: Me gustan los hombres, pero no me gusta que sean afeminados, busco macho puesto que soy macho. No creo que sea gay, a mí no me gustaban los juguetes de niñas ni pretendo ser estilista o enfermero. No me interesa que se enteren en mi trabajo, me avergüenza que me vinculen con el colectivo LGBT+. No quiero compartir esa pequeña parte de mi vida con mi familia, soy mucho más que únicamente una lesbiana. No tengo amigos maricas, realmente no tenemos nada en común las lesbianas y los pipiluyos. Estoy harto de buscar pareja pues todos los hombres son… somos iguales. No soporto a las vestidas ni a los queer ya que nos ponen en ridículo, la sociedad piensa que todos somos igual que ellos. La verdad es que no deberían darnos autorización para adoptar, no estamos preparados para proteger a los hijos de una familia homoparental en este país.

Este no soy yo: Soy las cifras de los suicidios de adolescentes y un cadáver que amanece escondido en las jardineras de la Zona Rosa. Soy redadas en los centros nocturnos, terapias de conversión y el converso que ahora lucha encarecidamente contra la sodomía. Soy los discursos políticos que culpan al pollo transgénico y promueven las vacunas para prevenir la homosexualidad. Soy el que les dará permiso de entrar a mi país durante la Copa Mundial siempre y cuando sepan comportarse. Soy el que no permitirá que mi amazónico paraíso se convierta en un destino turístico para los invertidos. Soy las entidades federativas que han logrado mantenerse firmes en contra del matrimonio igualitario. Soy penas de muerte, sentencias a prisión, asesinatos de odio. Soy quien se siente con el poder de frenar una manifestación con un símbolo religioso en la mano y mi infinita fe. Soy las memorias de Ratzinger y un triángulo rosa, insignia de vergüenza. Soy una bandera de franjas blancas y negras. Soy el miedo a lo diferente. Soy lluvia de fuego y azufre, soy ira, soy genocidio.

Este sí soy yo: Soy el baile de los cuarenta y dos, los disturbios de Stonewall, el ‘No apologies’ de mayo de 1979 y un triángulo rosa, insignia de orgullo. Aún me debato entre el rencor y la reconciliación, entre el ‘perdono’ y el ‘olvido para seguir adelante’. Me convenzo diariamente de que merezco un futuro mejor del que mi familia vaticina. Aún trato de poner orden en mi pasado. Aún lucho por dar sosiego a la homofobia que creció conmigo, a la homofobia que creció dentro de mí.

Autor: Ricardo Castañeda

Consultor intentando actuar localmente, cinéfilo, runner, fan de la bandera del orgullo

 

5 Responses to “La homofobia dentro de mí”

  1. Lorena Castellanos

    Me encantó!!! Definitivo: tienes ese don para que mi imaginación fluya desde lo que qué escribes…y tienes una gran vida, un gran futuro, una excelente pareja al lado tuyo, y si iré a tu boda (Mariana será una linda damita del cortejo) y Dios te ama! Amigo, creo que esto es lo tuyo, ya soy tu fan! 😍💖 te quiero mucho mucho!!!!

    Responder
    • Israel Cruz

      Woow linda lectura. Tantas visiones que están dentro y fuera de la comunidad

      Responder
  2. Rubén Bandala Cervantes

    Mi estimado Ricardo, excelente forma de plasmar todas las perspectivas que en la mayor parte de los casos rodean a la comunidad. Un gran abrazo.

    Responder
  3. Soy tu fan número 1 lo sabes, me facina tu forma de ver las cosas. Eres maravilloso.

    Responder
  4. Martín Mónico

    Estupenda la manera en que te relacionas y discurres con las letras, Ricardo. Tienes el don de que la pluma sea musa y te de la inspiración para llegar a los sentires más profundos de tus lectores. Felicidades.

    Responder

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.