En el amor somos como los zombies

Nos estamos convirtiendo en zombies. ¿No has visto las películas? ¿No has leído sobre ellos?. Son esos seres, infectados y devorados por otros, que sólo viven para satisfacer su hambre, caminan lento y en automático, con la mirada perdida. No piensan por ellos, no cuestionan, no sienten. Están muertos por dentro. No saben a dónde van y se pueden dar mil veces de topes en la cabeza con la misma pared. Son inflexibles y sólo viven para satisfacer su hambre.

Así estamos, con la mirada perdida en el móvil, las vidas rutinarias en automático, viviendo en un vacío que devora, dispuestos a devorar al otro, con chismes, con bromas hirientes, tratando de “amar”, cuando es una vil necesidad de poseer o dominar, de tener compañía, de devorar sus sueños, sus alegrías, sus emociones. No me digas que no encuentras las similitudes. Es triste, es irónico, pero es real.

Arrastramos los pies por el peso del pasado. Caminamos lento por todo aquello que no se ha sanado, por vivir con el corazón roto. Hay heridas que pesan demasiado y con los años, el corazón se infecta, se pudre y huele mal. Aun así, se sigue ignorando, se evita, aunque se sigan acumulando heridas que lastimen más.

Lo que huele mal sólo atrae rapiña, atrae a los zombies que buscan devorar lo poco fresco que queda. Así vivimos, atrayendo a esos seres desagradables o convirtiéndonos en ellos, porque hay miserias humanas tan profundas que paralizan vidas enteras y buscan paralizar otras. Lo que no resuelves lo repites. Ya sea en la misma postura de víctima o pasándote al lado del verdugo para vengarte con otro, de lo que tu elegiste y permitiste. Pero siempre es más fácil culpar a los demás de las desgracias seleccionadas. Ahí nos perdemos.

Los seremos humanos somos inevitablemente libres. Podemos elegir, podemos asumir, y no siempre lo ejercemos. Detenemos el crecimiento, dejamos de resolver y nos convertimos en el problema que no detectamos, por el contrario, le ponemos nombres externos, proyectando al jefe, la pareja, los padres, los hermanos, esas desdichas repetidas que no hemos podido enfrentar.

Cada vez más dejamos de ser valientes, evitamos los retos, evitamos enfrentar. Cuestionamos todo, nos llenamos de teoría, o de plano nos hundimos en aquello que produce placeres efímeros, para paliar la amarga simpleza de una vida incompleta por no poseernos a nosotros mismos.

Creemos que no somos zombies. Pero no hacemos nada por conservar la humanidad. Por preservar lo que importa del ser humano. Cada vez que evitamos sentir, que cedemos las riendas de nuestras vidas a otros, somos zombies, heridos, putrefactos, lentos, devoradores.

Por eso, caminando entre ellos, puedes encontrar a otro que aún no lo sea. Lo has esperado por años. Pero te cuesta reconocerlo. El miedo a entregarte te hace no ver con claridad. Confundes el pasado con el presente, lo mides sólo con lo que conoces, te cortas las experiencias, por eso es fácil que termines ahuyentándolo, haciendo todo para que se vaya. Cada vez te encierras más en el vacío, tocando las superficies de otros, acariciando ideas sin sentido, sintiendo al mínimo, respirando corto.

Vivir así, es estar medio muerto, es ser ya un zombie.

 

Autor: Luis Miguel Tapia Bernal

Terapeuta en Constelaciones Familiares. Máster en Terapia Breve Estratégica.

 

2 Responses to “En el amor somos como los zombies”

  1. Josías Emmanuel Cortés

    Me encanta!!!
    Que buen símil!!!
    Es muy cierto, cual zombies insensibles está transformando esta sociedad fría e inflexible a todos sus integrantes! Egoístas, intratables depresivos.

    Lo importante es darnos cuenta, modificar y mejorar, aprender, cuestionar y evolucionar, podemos nulifucar y desvanecer al zombie que nos tratan de imponer y mejorar nuestra vida.

    Es un esfuerzo individual, no es fácil pero es maravilloso y con el autoconocimiento y aplicando nuevas estructuras, vamos de gane!

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  2. Necesario es cambiar la forma en la que nos relacionamos con los demás seres humanos, cambiar las ideas ancestrales que tenemos del amor, justamente para evitar caminar y vivir descarnados. un abrazo Luis

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